After Hours (2026-04) - Los feeds de las redes sociales son las nuevas sectas

Los feeds de redes sociales son las nuevas sectas

Cómo nuestros feeds de redes sociales están reproduciendo sectas, pero de una forma degradada y antiintelectual.

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Este documento fue preparado por @chima y no refleja las posiciones de WCU como organización.

Descripción del evento

La vida política en internet ahora cumple parte del papel que antes cumplían las organizaciones sectarias. Aquí, una secta quiere decir un grupo político pequeño organizado alrededor de una doctrina, donde la lealtad a esa doctrina se trata como una prueba de seriedad política.

Esa costumbre no ha desaparecido. Solo cambió de forma. En vez de tomar forma por medio de educación política, experiencias compartidas y trabajo dentro de organizaciones, ahora muchas veces toma forma a través de feeds de redes sociales, creadores de contenido, chats de grupo y rondas repetidas de discusiones en internet. La gente se acomoda en campos separados, forma lealtades y termina peleando con personas que casi ni conoce.

La idea no es decir que la política en internet no es real, o que nada serio puede empezar ahí. La pregunta es qué tipo de grupos políticos fomentan estos feeds. ¿Ayudan a la gente a construir organizaciones duraderas? ¿O más bien producen audiencias y costumbres que separan a la gente por lo que consume, en vez de por compromisos políticos compartidos?

Discusión central

Las redes sociales bajan el costo de expresar y consumir la política con la que uno se identifica. Pero no bajan el costo de construir confianza, disciplina o la capacidad de convencer a otras personas mientras hacen trabajo compartido.

Alguien puede llamar mucha atención en redes sociales en un par de horas, pero eso le enseña las lecciones equivocadas sobre cómo organizar: no le enseña la necesidad de tener memoria organizativa sostenida, una estructura que vaya evolucionando y trabajo compartido una y otra vez.

Cómo el feed vuelve a crear la secta

Las organizaciones sectarias de antes separaban a la gente según su doctrina política y según a quién le guardaban lealtad. La política de redes sociales hace algo parecido, pero por mecanismos distintos: algoritmos, creadores de contenido y el flujo más amplio del discurso en internet. El resultado se parece bastante a lo de antes: campos rivales, pruebas de lealtad y gente peleando entre sí más seguido de lo que trabaja por objetivos políticos compartidos. La diferencia es que hoy todo esto gira alrededor de ser espectador, en vez de pasar por educación política y disciplina colectiva.

Anton Jager describe el presente como una condición de alta politización y baja afiliación institucional. Adolph Reed Jr. hizo una distinción importante: un suscriptor no es un miembro, y una lista de correos no es una organización. Un feed puede juntar seguidores, pero no puede pedirle a la gente lo que las organizaciones reales les piden a sus miembros: obligación, disciplina y riesgo compartido.

Benjamin Studebaker señala otra parte del problema: la vida intelectual en internet está moldeada por incentivos de audiencia. Los creadores de contenido, especialmente quienes dependen de las redes sociales para ganarse la vida, están bajo presión constante para llamar la atención, retener público y generar conflicto. La política se vuelve una competencia de opiniones escandalosas y posicionamientos, en vez de un proceso para desarrollar criterio por medio del trabajo compartido.

Esto empieza a parecerse al comportamiento sectario, pero de una forma más delgada y más degradada. Las prioridades y decisiones políticas pasan por fandoms en internet y quedan mediadas por personalidades en línea y por las relaciones parasociales que la gente tiene con ellas. Lo que queda es gente adoptando consignas, hashtags o sentimientos muy fuertes sobre algo, pero sin educación política profunda y sin las apuestas materiales reales que podrían afinar las ideas por medio de la práctica.

Lo que se pierde

Cuando la política se vuelve una forma de pertenecer, se vuelve más difícil distinguir entre convicción y actuación para quedar bien con el grupo. Freddie deBoer lo dice con claridad: “La política se vuelve tonta cuando se convierte en una forma de pertenecer en vez de una forma de hacer cosas”. Oliver Bateman hace un punto parecido, pero en un lenguaje más crudo: la política se vuelve “una identidad de consumo” e “indistinguible de irle a un equipo deportivo”.

Ese cambio importa todavía más en un mundo socialmente vaciado, donde la gente está cada vez más aislada. Cuando hay menos formas de pertenecer arraigadas en la vida diaria, se vuelve más fácil que una tribu partidista o el fandom de un creador llene ese vacío. Ese tipo de identificación puede sentirse políticamente intensa, pero suele ser organizativamente débil. Importaba menos cuando esos bandos eran sobre Xbox contra PlayStation. Pero ahora todo es político, y hay consecuencias reales cuando la gente se siente muy politizada y al mismo tiempo sigue débilmente organizada.

Qué necesitaría un espacio político diferente

Si el feed produce estos fandoms y bandos más rápido que las organizaciones, entonces la respuesta no es hacer mejor branding. La respuesta es reconstruir espacios donde la gente pueda pensar junta, disentir sin convertir cada diferencia en una ruptura, y actuar con cierta continuidad. Eso quiere decir sindicatos, grupos de inquilinos, foros, publicaciones ligadas a trabajo real y formas de estudio que sean serias sin volverse dogmáticas.

Algunos textos recientes describen esto como la tarea prepolítica. La frase apunta al trabajo civil y social que tiene que pasar antes de que pueda volver a existir una política duradera de la clase trabajadora. Un evento como After Hours solo importa si ayuda a crear ese tipo de espacio, aunque sea a pequeña escala.

Preguntas para la discusión

  1. ¿Qué hace fácil el feed de redes sociales, y qué sigue exigiendo la organización real que el feed no puede dar?
  2. ¿Cuál es la diferencia entre una audiencia, un campo político y una organización?
  3. ¿Cuándo ayuda la participación política en internet a mover a la gente hacia instituciones reales, y cuándo la deja atrapada en la espectaduría y la actuación?
  4. ¿Qué hábitos premia el feed —pruebas de lealtad, conflicto, branding, opiniones escandalosas— que hacen más difícil construir una política duradera?
  5. Si WCU quiere que espacios como After Hours sean algo más que otro evento, ¿qué tipo de estructura, seguimiento y trabajo compartido haría falta?

Referencias

  1. Anton Jäger, “No un nuevo Weimar, ni unos nuevos años 30: ‘Vivimos en un periodo sin un precedente real’,” September, 2026, Not a new Weimar, or new 1930s: “We live in a period without a real precedent”. Interview with Anton Jäger.
  2. Benjamin Studebaker, “Malas conversaciones,” Benjamin Studebaker, 2026, Bad Conversations - Benjamin Studebaker.
  3. Oliver Lee Bateman, “El trabajo de la política del Rust Belt,” Oliver Bateman Does the Work, 2026, The Work of Rust Belt Politics.
  4. Freddie deBoer, “Sentimientos reales por una belleza falsa,” Freddie deBoer’s Blog, 6 de abril de 2026, Real Feelings for Fake Beauty - Freddie deBoer.
  5. Joshua Citarella y Dustin Guastella, “Doomscroll,” Joshua Citarella, 25 de marzo de 2026, Doomscroll: Dustin Guastella.
  6. as_a_worker, “La prepolítica como reconstitución de clase,” 2025, Pre-Politics as Class Reconstitution.